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Para Grayscale, bitcoin ha demostrado una notable resiliencia en ciclos de auge y caída.
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La debilidad del precio de bitcoin se relaciona a factores propios y contexto macroeconómico.
La gestora de fondos de inversión en activos digitales, Grayscale, sostiene que bitcoin (BTC) «se parece más a las acciones emergentes que al oro», cuestionando la narrativa que lo presenta principalmente como refugio de valor.
En la etapa actual, bitcoin actuaría sobre todo como un activo de alto crecimiento y elevada volatilidad —similar a las acciones tecnológicas—, aunque mantiene el potencial de evolucionar hacia un perfil más cercano al del metal precioso en el largo plazo, a medida que el ecosistema madura, se consolida su rol como moneda digital y se profundiza la adopción institucional, indica la administradora en un reciente reporte.
Los movimientos que está teniendo bitcoin desde 2024 refuerzan esta tesis. Bitcoin ha mostrado una correlación con acciones de software y compañías tecnológicas de alto crecimiento, como se aprecia en el gráfico.


La moneda digital cayó hasta alrededor de 60.000 dólares el pasado 5 de febrero de 2026, una corrección del 50% desde su máximo histórico de 126.000 dólares alcanzado a inicios de octubre de 2025. Este retroceso se produjo en paralelo con una venta generalizada en el sector tecnológico global —que venía de niveles de sobrecompra y se vio agravada por el creciente miedo al ritmo de expansión de la industria de la inteligencia artificial (IA)—, lo que fortaleció la percepción de que bitcoin continúa integrado al universo del riesgo.
El doble rol de bitcoin
Grayscale sostiene que bitcoin cumple un rol doble. Actúa como «activo emergente» en el corto y mediano plazo, pero tiene el potencial de convertirse en una reserva de valor a largo plazo.
Si la red Bitcoin logra el éxito proyectado —mayor adopción institucional, expansión de infraestructura y mayor integración en los mercados financieros— la volatilidad de la moneda bitcoin tendería a disminuir, su correlación con los mercados bursátiles se reduciría y sus rendimientos se volverían más estables, aproximándose al perfil clásico del oro.
El siguiente gráfico compara el rendimiento a 10 años entre bitcoin y el oro en tres métricas.
A la izquierda se observa que bitcoin ha logrado un retorno anualizado del 70%, muy superior al 15 % del oro, lo que subraya su perfil de activo de alto crecimiento.
Sin embargo, como se observa en las barras del medio, bitcoin presenta una volatilidad anualizada mucho mayor, del 75 % frente al 14% del oro, confirmando su elevado riesgo en el corto y mediano plazo.
Además (barras de la derecha), bitcoin muestra una correlación notable del 31% con los mercados bursátiles, mientras que la del oro es solo del 9%, lo que explica por qué bitcoin se comporta actualmente más como un activo de riesgo —similar a las acciones tecnológicas— que como un refugio tradicional.


Sin embargo, Grayscale subraya que «bitcoin aún no ha alcanzado el mismo estatus que el oro como activo monetario», lo cual sigue siendo un elemento clave en su análisis de inversión. En un horizonte futuro marcado por la IA, agentes autónomos y mercados plenamente tokenizados, la firma considera natural que el activo de reserva dominante sea de naturaleza digital y no física.
Presión en Estados Unidos y política monetaria
Esta percepción de bitcoin como activo de riesgo se ve reforzada por las presiones macro específicas que enfrenta actualmente en su mercado principal, Estados Unidos, donde convergen factores regulatorios, políticos y monetarios que limitan los flujos hacia activos volátiles.
A corto plazo, la trayectoria de bitcoin podría depender en gran medida de avances regulatorios —como la Ley CLARITY en el Senado estadounidense, cuya aprobación se esperaba para 2026 pero ahora luce más incierta— y de la orientación de la política monetaria de la Reserva Federal (FED).
La nominación de Kevin Warsh como presidente de la FED genera interrogantes sobre el futuro de las tasas de interés, en un contexto donde el presidente Donald Trump ha manifestado su preferencia por políticas de tasas bajas, como reportó KriptoNoticias.
Warsh es visto tradicionalmente como un «hawk» en inflación, es decir, propenso a mantener o elevar tasas para combatir presiones inflacionarias. Este perfil genera temores en mercados de riesgo. Si Warsh prioriza la lucha contra la inflación sobre los deseos de Trump de tasas bajas, podría retrasar o limitar recortes, encareciendo el dinero que fluye hacia activos considerados «de riesgo» como bitcoin. La moneda digital es extremadamente sensible a este entorno. Tasas altas desalientan inversiones en activos de riesgo y favorecen a bonos o efectivo.
A todo esto se suman los ciclos históricos de bitcoin —vinculados a los halvings cada cuatro años—, 2026 correspondería típicamente a un período bajista o de consolidación. Esta expectativa genera un efecto de profecía autocumplida: inversores conscientes del patrón adoptan posturas defensivas, reducen exposición y amplifican la presión vendedora.
La computación cuántica es una preocupación
Mirando hacia adelante, Grayscale resalta la notable resiliencia que ha demostrado la red Bitcoin a lo largo de múltiples ciclos de auge y caída. Sin embargo, resalta que «la preocupación principal de los inversores parece ser la preparación de Bitcoin para un futuro en el que las computadoras cuánticas hagan obsoleta la criptografía tradicional».
Bitcoin depende principalmente de algoritmos como ECDSA para firmas digitales, que generan claves privadas y públicas para autorizar transacciones y controlar los fondos. Un computador cuántico lo suficientemente avanzado podría ejecutar el algoritmo de Shor para resolver de forma rápida el problema matemático subyacente (el logaritmo discreto en curvas elípticas), permitiendo derivar la clave privada a partir de la clave pública expuesta.
Para Grayscale, si bitcoin logra superar este desafío, probablemente «reforzará la visión de que es una reserva de valor eficaz a largo plazo, algo que lo acercará aún más al oro ante los ojos de los inversores».
La firma concluye que «es probable que la red continúe operando mucho más allá de nuestra existencia» y que bitcoin logre preservar su valor en términos reales a largo plazo, siempre y cuando los inversores continúen reconociendo su valor único como moneda digital descentralizada y alternativa al oro físico en los mercados de capitales globales.


