Michael Saylor, presidente de Strategy, respondió a la tesis de un inversionista de capital de riesgo y exejecutivo de Facebook, Chamath Palihapitiya, este 16 de marzo, sobre el «colapso del valor terminal» causado por la Inteligencia Artificial (IA).
Mientras Palihapitiya sostiene que la IA destruirá los fosos competitivos de las empresas y que Bitcoin es vulnerable al avance cuántico, Saylor afirma que Bitcoin es, precisamente, el principal beneficiario de este cambio de paradigma económico.
Para Saylor, según respondió en su cuenta de X, Bitcoin representa el «capital digital»: un activo escaso, neutral e impermeable a la disrupción de la IA. El empresario argumenta que, a medida que la IA reduzca la previsibilidad de los flujos de caja de las corporaciones, el capital buscará refugio en activos sin riesgo de disrupción. En este escenario, bitcoin se posiciona como el destino natural para el valor que huya de los mercados de acciones tradicionales.
Ante la objeción de Palihapitiya sobre la necesidad de que Bitcoin sea «resistente a la computación cuántica», para ser un resguardo de valor real, Saylor calificó la premisa como incompleta. Según el empresario, la tesis de Chamath asume erróneamente que el resto del mundo digital es inmune a dicha tecnología, cuando en realidad todo el sistema depende de la misma base criptográfica.
Saylor enfatizó que si la computación cuántica lograra romper la criptografía actual, no solo afectaría a Bitcoin. Un avance de tal magnitud destruiría simultáneamente la seguridad de la IA, la infraestructura de la nube, los sistemas bancarios y la arquitectura global de internet. Para el empresario, la solución no es el abandono de Bitcoin, sino una actualización colectiva de toda la seguridad digital.
Este debate cobra relevancia ante las metas de la industria tecnológica, que proyecta un salto significativo en la capacidad de los procesadores cuánticos para el año 2028, cuando podríamos aspirar a desarrollar chips de 200.000 cúbits físicos. Los avances actuales buscan sistemas con mayor corrección de errores, lo que acerca la teoría a la posibilidad de desafiar los algoritmos de firma actuales.


