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Razones macroeconómicas y de análisis técnico fundamentan esta caída.
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En el largo plazo, la tendencia alcista del oro probablemente se mantenga.
El oro llegó a 2026 como el activo estrella de los últimos dos años. Tras subir más del 60% en 2025 y tocar un máximo histórico de 5.596 dólares por onza a fines de enero, el metal parecía imparable.
La combinación de un dólar débil, tasas de interés en vías de reducirse, compras masivas de bancos centrales y tensiones geopolíticas sostenidas le había dado combustible suficiente para superar una barrera psicológica tras otra.
Pero este viernes 20 de marzo el panorama es otro: la onza cotiza alrededor de los 4.509 dólares, acumulando una pérdida de más del 20% desde el pico de enero.


¿Por qué se produce esta caída? Las razones son varias e interconectadas entre sí, pero pueden resumirse en los 4 puntos que se detallan a continuación:
1. La FED no tiene intensión de recortar tasa de interés pronto
El miércoles, la FED mantuvo los tipos de interés en el rango 3,50-3,75% y actualizó sus proyecciones diciendo que no habrá recortes de tasas a menos que la economía estadounidense mejore.
Jerome Powell, presidente del organismo, citó la «incertidumbre excepcional» generada por el conflicto en Irán y su impacto inflacionario como razón central.
Con tasas altas por más tiempo, los bonos del Tesoro ganan atractivo frente a un activo sin rendimiento fijo como el oro.


2. El petróleo se disparó y cambió el cálculo inflacionario
La escalada del conflicto en Irán empujó el precio del crudo por encima de los 110 dólares por barril. Tal como KriptoNoticias lo reportó, el Brent llegó incluso hasta los 119 dólares por barril, su precio más alto desde 2022.
El cierre del Estrecho de Ormuz a causa de la guerra en Irán es el principal impulsor de esta subida de precio. Ese paso marítimo es crucial para la industria, pues por allí atraviesa el 20% de la producción petrolera mundial.


Este movimiento introduce nuevas presiones inflacionarias (debido al aumento de la energía, de los costos del transporte, de la producción industrial, etcétera) que obligan a la Reserva Federal a mantener su postura restrictiva.
El oro, que durante 2025 se benefició de un escenario de inflación declinante y recortes de tasas, ahora enfrenta el escenario opuesto: inflación al alza más una FED sin margen para bajar tasas de interés.
3. El oro pierde su rol de refugio cuando el shock viene del petróleo
La situación es paradójica: hay una guerra activa en Medio Oriente y el oro está cayendo. Pero cuando el shock geopolítico se transmite vía materias primas energéticas, el metal tiende a comportarse más como un activo de riesgo que como refugio.
Además, en contextos de crisis vinculados al petróleo, gobiernos y fondos soberanos de regiones afectadas pueden verse forzados a vender reservas de oro para financiar gastos extraordinarios o compensar caídas de ingresos energéticos, lo que agrega presión vendedora al mercado.
Aunque todavía no hay evidencia de que eso ya esté ocurriendo, es una posibilidad que no se descarta. Los inversionistas, quizás, ya están tomando medidas de protección (rotar capital desde el oro hacia el efectivo o instrumentos de renta fija).
4. El oro estaba sobrecomprado
Desde el «chartismo» y el análisis técnico, resultaba evidente que el oro estaba en niveles de sobrecompra. Es decir, que había subido de precio demasiado rápido.
Así lo ponía en evidencia, por ejemplo, el índice de fuerza relativa (RSI). Como puede verse en el siguiente gráfico, el RSI mensual había llegado a niveles que no se veían desde 1967.


Una corrección técnica de esta magnitud era, en retrospectiva, inevitable. No se sabía cuándo llegaría, pero en algún momento tenía que ocurrir.
¿El fin del ciclo alcista para el oro?
La respuesta a la pregunta de este intertítulo final es: probablemente no.
Los factores estructurales que impulsaron el rally de 2025 siguen intactos: los bancos centrales de economías emergentes continuarán acumulando reservas en oro como parte de la desdolarización, la deuda pública estadounidense no da señales de reducirse, y el oro sigue siendo el activo de referencia para quienes desconfían del sistema monetario vigente.
La corrección de hoy (que podría extenderse por semanas o algunos meses, incluso) parece una recalibración violenta, no un cambio de tendencia.
Dicho esto, mientras la FED no retome la senda de los recortes y/o el petróleo no ceda, el metal difícilmente recuperará sus máximos de enero en el corto plazo.
Y nuestro querido bitcoin (BTC), que comparte algunos de esos mismos catalizadores estructurales pero sin el problema de liquidez forzada, podría ser el próximo en capitalizar la búsqueda de alternativas monetarias.


