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El gran apagón de abril evidenció la vulnerabilidad de los pagos electrónicos ante fallas de red.
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Siete de cada diez ciudadanos rechazan el euro digital, cifra que sube al 84% en mayores de 65 años.
A pesar del impulso hacia la digitalización, los residentes en España retiraron 129.300 millones de euros de los cajeros durante 2025, un récord histórico. Según el Banco de España, este incremento del 1,37% en el retiro de efectivo convive con una realidad matemática: el uso de tarjetas creció un 10,2% en el mismo periodo, alcanzando los 360.000 millones de euros. Esto confirma que, aunque el efectivo marca récords nominales, impulsado en parte por el aumento de la masa monetaria (M3) en la eurozona, está perdiendo cuota de mercado real frente a los pagos digitales.
Sin embargo, el dinero físico ha recuperado su estatus como activo de reserva y emergencia. El factor determinante fue el gran apagón del 28 de abril de 2025, que dejó a la península sin suministro eléctrico e inhabilitó terminales de pago (TPV). Este evento impulsó la demanda de billetes, y también validó la tesis de bitcoin como un sistema de liquidación alternativo, como fue reportado por KriptoNoticias.
Al igual que el efectivo, bitcoin se posicionó como un refugio ante la vulnerabilidad de los sistemas interconectados, pero con la ventaja añadida de su suministro fijo frente a un euro cuya masa monetaria sigue expandiéndose, derivando en el incremento de la inflación.
Durante el incidente, el dinero físico se convirtió en el medio más usado para adquirir bienes de primera necesidad. Analistas sugieren que este evento, sumado a las tensiones geopolíticas actuales, los riesgos de ciberataques y la creciente vigilancia financiera digital, ha motivado a los hogares a mantener reservas de efectivo como una medida de seguridad ante la vulnerabilidad de los sistemas interconectados.
Esta perseverancia del efectivo coincide con una fase crítica para el Banco Central Europeo (BCE), que acelera los preparativos para el lanzamiento del euro digital. El proyecto busca reducir la dependencia de proveedores de pago no europeos, aunque se enfrenta a una resistencia social creciente en el mercado español.
Mientras tanto, El BCE sostiene que el euro digital no reemplazará al efectivo, sino que lo complementará para fortalecer la autonomía estratégica del continente. En un comunicado reciente, la institución fue tajante sobre los riesgos de la infraestructura actual:
Europa no puede permitirse depender excesivamente de soluciones de pago no europeas, porque la deja a merced de la generosidad de terceros en un contexto de elevada tensión geopolítica.
Banco Central Europeo.
Con esta iniciativa, Bruselas pretende mitigar el dominio de gigantes estadounidenses como Visa, Apple Pay y PayPal. Y aunque reconoce que el euro digital no podrá imitar a bitcoin, si busca emularlo, pero sin desprenderse de su centralización. Su diseño incluye que pueda funcionar de forma offline en operaciones básicas. Incluso asegura que se pueda usar de forma tan privacidad como el efectivo y operando sin comisiones para el usuario promedio.
Sin embargo, los planes de Fráncfort chocan con la percepción de los ciudadanos. Una encuesta del Banco de España realizada a finales de 2025 revela que el 70% de los consultados no tiene intención de utilizar el euro digital, una cifra que ha subido cinco puntos respecto a 2023.
En este escenario, bitcoin deja de ser un actor secundario. Esto debido a que la desconfianza en el euro digital ha volcado a los usuarios hacia la naturaleza descentralizada de BTC. Mientras el efectivo sufre la erosión inflacionaria de la política monetaria del BCE, bitcoin es percibido por el 15% de los jóvenes inversores españoles como el «efectivo digital» definitivo debido a su resistencia a la censura.
La brecha generacional es profunda porque mientras el rechazo es del 53% entre los jóvenes de 18 a 24 años, la cifra escala hasta el 84% en los mayores de 65 años. En plataformas digitales como X, el debate se ha polarizado; diversos usuarios comparan la trazabilidad inherente a las monedas digitales de bancos centrales (CBDC) con la naturaleza descentralizada y el suministro fijo de bitcoin, que muchos consideran una alternativa más robusta frente a la inflación y el control estatal.
En medio de todo esto, el debate persiste. Frente a la trazabilidad de una CBDC, bitcoin ofrece una alternativa robusta que, a diferencia del efectivo, no depende de la impresión física ni de la custodia bancaria para mantener su valor a largo plazo.
A pesar de la resistencia, el cronograma europeo sigue su curso. El BCE prevé finalizar el marco legislativo este 2026, con el objetivo de iniciar un programa piloto en 2027 y tener el sistema listo para su posible emisión en 2029.


