Cuando la red Bitcoin minó el bloque 940.000 el 9 de marzo alrededor de las 13:40 UTC, el ecosistema bitcoiner celebró el hito de las 20 millones de BTC emitidos. Sin embargo, Jameson Lopp, un reconocido desarrollador, salió a corregir ese entusiasmo.
«Quienes afirman que se minó el bitcoin número 20.000.000 están haciendo aritmética descuidada en lugar de pedirle a su nodo completo que audite el suministro suministro. Todavía faltan 35 bloques», escribió a las 21:33 UTC de ese mismo día.
Lopp no estaba cuestionando el protocolo ni el diseño monetario de Bitcoin. Estaba señalando que el suministro nominal, el que surge de multiplicar las recompensas teóricas por la cantidad de bloques minados, no es igual al suministro real circulante.
La diferencia, continuó Lopp, la explican cuatro anomalías históricas del protocolo que, sumadas, reducen la cantidad de BTC efectivamente en circulación.
Las cuatro razones del desfase, según Jameson Lopp
La primera es el bloque génesis, minado por Satoshi Nakamoto en enero de 2009. Ese bloque generó 50 BTC, pero por una particularidad de su diseño original, señala Lopp, esas monedas nunca fueron incluidas en el conjunto de salidas de transacciones no gastadas (UTXO set, por sus siglas en inglés), que es el registro que llevan los nodos para saber qué BTC existen y son gastables.
Los 50 BTC existen en la cadena pero son inaccesibles e invisibles para el suministro auditable, argumenta el desarrollador.
La segunda anomalía involucra dos bloques que, en los primeros años de Bitcoin, generaron transacciones de recompensa con identificadores idénticos, algo que el protocolo no impedía en ese momento.
En la práctica, cuando dos transacciones comparten el mismo identificador, la segunda sobrescribe a la primera en el registro de la red, como si la original nunca hubiera existido. Eso significa que una de las dos recompensas quedó efectivamente anulada y esos BTC nunca ingresaron al suministro circulante.
Para evitar que el problema se repitiera, la comunidad creó la propuesta BIP-30, una regla del protocolo que prohíbe la existencia de transacciones con identificadores duplicados.
La tercera anomalía son los bloques donde los mineros no reclamaron el subsidio completo al que tenían derecho. En esos casos, la diferencia entre la recompensa disponible y la efectivamente cobrada se pierde para siempre: el protocolo no la redistribuye ni la acumula.
Un caso que ilustra este fenómeno ocurrió el 30 de diciembre de 2017, cuando el bloque 501.726 fue minado sin incluir transacciones y sin reclamar la recompensa de 12,5 BTC a la que el minero tenía derecho, equivalente a unos USD 187.000 al precio de ese momento, como lo informó KriptoNoticias.
El responsable figura como «desconocido» en exploradores de la red: no se identificó con ningún pool de minería conocido ni dejó indicios de su identidad.
Las hipótesis van desde un error técnico en el software hasta una prueba deliberada del comportamiento de la red, pero ninguna fue confirmada. Esos 12,5 BTC no reclamados se perdieron para siempre, exactamente como describe Lopp: el protocolo no los redistribuye ni los acumula.
La cuarta anomalía expuesta por Jameson Lopp es la destrucción deliberada de BTC mediante salidas usando el opcode OP_RETURN. Ese mecanismo del protocolo permite incluir datos arbitrarios en una transacción enviando bitcoins a una dirección imposible de gastar criptográficamente, lo que las elimina del suministro circulante.
Ninguna de estas anomalías es un error del protocolo ni una vulnerabilidad: son consecuencias documentadas de decisiones de diseño o del comportamiento de participantes de la red a lo largo de 16 años. Pero su efecto acumulado es que el suministro real de Bitcoin es marginalmente menor al que surge de contar bloques y recompensas sin auditar.
El hito llegó, pero unas horas después
A las 21:33 UTC del 9 de marzo, cuando Lopp publicó su corrección, su estimación era técnicamente válida: faltaban 35 bloques, equivalentes a unas cinco o seis horas de minería al ritmo promedio de un bloque cada diez minutos. El hito real, por lo tanto, se habría alcanzado aproximadamente entre las 03:00 y las 04:00 UTC del 10 de marzo.
El explorador Clark Moody, que audita el UTXO set en tiempo real, confirma que a las 13:40 UTC del 10 de marzo, el suministro circulante real de Bitcoin era de 20.000.141,78 BTC.


Esas 16 horas transcurridas desde la corrección de Lopp explicarían los 141 BTC por encima del umbral: a razón de 3,125 BTC por bloque y un bloque cada diez minutos, el resultado es matemáticamente consistente. El hito ocurrió, pero no cuando la mayoría lo habría intuido, conforme al análisis de Lopp.
Ese desfase no cambia el significado del momento. Bitcoin fue diseñado por Satoshi Nakamoto con un límite absoluto de 21 millones de monedas, de las cuales los primeros 20 millones se minaron en 16 años.
El millón restante tardará en minarse más de un siglo, hasta aproximadamente 2140, gracias al mecanismo de halving que reduce a la mitad la recompensa de los mineros cada cuatro años. Tras el halving de 2024, esa recompensa es de 3,125 BTC por bloque. Lo que Lopp señaló no es que el hito carezca de importancia, sino que celebrarlo con precisión requiere consultar los datos reales, no los nominales.


