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El FMI descarta emitir CBDC directamente al usuario final en su modelo preferido.
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El documento advierte que las stablecoins privadas son vulnerables a corridas por pérdida de confian
El Fondo Monetario Internacional publicó el 1 de abril una nota técnica en la que descarta los dos extremos del debate sobre dinero digital y se decanta por un modelo intermedio.
El documento, firmado por Tobias Adrian, director del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital, sostiene que ni las stablecoins privadas ni una CBDC emitida directamente al usuario final resuelven por sí solas los requisitos de seguridad y escala que demanda el sistema financiero tokenizado.
La postura del organismo se articula alrededor del modelo de moneda digital sintética de banco central, conocido como sCBDC. En este esquema, los emisores privados regulados ofrecen tokens digitales respaldados al cien por ciento con reservas del banco central.
El banco central no emite moneda digital directamente al público: provee el respaldo que garantiza la convertibilidad a la par y preserva la unicidad del dinero. La innovación, la interfaz con el usuario y el cumplimiento normativo quedan en manos privadas; el activo de asentamiento definitivo permanece en el balance público.
Por qué el FMI rechaza los extremos
El documento identifica las limitaciones concretas de cada modelo puro. Las stablecoins privadas, incluso las respaldadas por activos de alta calidad como deuda pública de corto plazo, dependen de la capacidad operativa de sus emisores para atender reembolsos y de la liquidez de los mercados subyacentes.
Con esa descripción, el FMI las equipara funcionalmente a los fondos del mercado monetario: instrumentos que mantienen paridad en condiciones normales pero que pueden enfrentar corridas por pérdida de confianza en escenarios de estrés. La nota señala que ese riesgo no desaparece con mejores reservas; requiere respaldo público estructural.
En el extremo opuesto, una CBDC mayorista emitida directamente por el banco central elimina el riesgo de crédito del activo de asentamiento, pero obliga a la institución emisora a operar una infraestructura nueva con implicaciones sobre su balance, su gobernanza y su exposición operativa. El FMI no descarta ese modelo, pero lo reserva para el asentamiento interbancario y de infraestructuras de mercado financiero, no para la circulación general.
El modelo sCBDC, según el documento, combina lo que cada extremo no puede ofrecer solo: la innovación y el alcance del sector privado con la confianza y la estabilidad del dinero del banco central. Sin embargo, el FMI advierte que su implementación exige acceso calibrado a los balances de los bancos centrales, supervisión robusta de los emisores y modelos de negocio privados sostenibles que no comprometan la confianza pública. Ninguna de esas condiciones está resuelta hoy en ninguna jurisdicción de manera completa.
La nota no establece un calendario ni identifica países que estén cerca de implementar este modelo a escala. Lo que sí establece es el marco conceptual desde el que el organismo evaluará las propuestas que lleguen en los próximos años.


