El 15 de abril de 2026, el cofundador de BitMEX, Arthur Hayes, publicó un análisis en el que plantea cuatro posibles escenarios derivados del conflicto entre Estados Unidos e Irán y cómo estos podrían influir en el comportamiento de bitcoin (BTC). Su tesis central es que, más allá del desenlace geopolítico, el factor determinante para el precio del activo será la liquidez global.
En su ensayo, titulado No Trade Zone, Hayes describe tres escenarios principales -además de un cuarto extremo que descarta por no ser “invertible”-, todos vinculados a la evolución del conflicto en torno al Estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio mundial de petróleo y gas. A partir de estos escenarios, evalúa posibles efectos sobre los mercados financieros y, en particular, sobre bitcoin.
Escenarios de guerra y efectos económicos
El primer escenario, denominado “vuelta a la normalidad”, contempla un cese rápido de las hostilidades y el regreso al statu quo previo. En este contexto, Arthur Hayes considera que bitcoin podría experimentar un repunte moderado, aunque limitado por presiones deflacionarias asociadas al avance de la inteligencia artificial, que —según argumenta— podría afectar el empleo y la capacidad de consumo en economías desarrolladas.
El segundo escenario, al que denomina “peaje de Teherán”, plantea que Irán logre restringir el tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz, cobrando tarifas en monedas distintas al dólar. De consolidarse, esta dinámica podría acelerar la venta de activos denominados en dólares, aumentar la demanda de oro y favorecer el uso del yuan en el comercio internacional. Hayes sugiere que este proceso podría debilitar la hegemonía del dólar como moneda de reserva.
Un escenario intermedio incluye un posible bloqueo naval por parte de Estados Unidos, lo que generaría disrupciones adicionales en el flujo de energía y aumentaría la incertidumbre en los mercados. En paralelo, contempla una respuesta militar contundente por parte de Washington que restablezca el tránsito en la región, pero con el riesgo de una escalada mayor y daños significativos a la infraestructura energética del Golfo Pérsico.


Bitcoin y la liquidez global
En estos contextos de tensión, Hayes anticipa un patrón similar: una caída inicial de los activos de riesgo -incluido bitcoin- seguida de una eventual recuperación impulsada por políticas de estímulo. Según explica, los gobiernos podrían verse obligados a aumentar el gasto y recurrir a la emisión monetaria para mitigar el impacto económico de una crisis energética o financiera.
Asimismo, el analista sostiene que el precio de bitcoin depende principalmente de la cantidad de dinero en circulación, más que del nivel de las tasas de interés. En ese sentido, argumenta que un entorno de expansión monetaria, incluso combinado con tasas elevadas, podría beneficiar a activos de oferta limitada como bitcoin y el oro, tal como reportó KriptoNoticias.
No obstante, advierte que, en fases iniciales de estrés financiero, los inversionistas suelen reducir exposición a activos volátiles para cubrir pérdidas o llamadas de margen, lo que podría presionar a la baja el precio de bitcoin antes de cualquier recuperación.
El análisis también incorpora elementos debatibles, como la posibilidad de una transición hacia un sistema monetario menos dependiente del dólar o el impacto estructural de la inteligencia artificial sobre el empleo y el crédito. Hayes reconoce que no asigna probabilidades específicas a cada escenario y que su enfoque busca orientar decisiones de portafolio más que predecir resultados concretos.
En conclusión, el autor plantea que, aunque los eventos geopolíticos pueden actuar como catalizadores, el desempeño de bitcoin estará condicionado principalmente por la respuesta de los bancos centrales y la evolución de la liquidez global.


